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El Etna, enorme macizo volcánico que se ha formado durante cientos de miles de años de superposición de cuatro volcanes distintos, alcanza una altura de 3.323 metros sobre el nivel del mar. Hace unos 500.000 años, donde hoy admiramos el Etna, existía un gran golfo que se asomaba al mar Ionio. En su centro, después de un largo período de actividad volcánica submarina, emergieron los primeros volcanes subaéreos, el más importante de los cuales fue el Calanna, volcán hoy ya inactivo y ubicado cerca de Zafferana.
Una vez finalizada la actividad del Calanna y empezada la erosión de sus laderas y de todos los pequeños volcanes asociados a él, hace unos 80.000 años, empezó la violenta actividad eruptiva del Trifoglietto I y, pocos miles de años después, la del Trifoglietto II. Los dos nuevos volcanes recubrieron buena parte de lo que quedaba del viejo Calanna y extendieron sus laderas sobre el golfo. Hace unos 64.000 años unas tremendas explosiones vaciaron la cámara magmática que alimentaba los volcanes Trifoglietto I y Trifoglietto II, colapsando los respectivos cráteres y generando, en consecuencia, el fascinante Valle del Bove, una enorme y desolada caldera volcánica de más de 5 kilómetros de anchura. Después de aquel cataclismo, todo cesó durante 30.000 años.
La actividad volcánica se reanudó hace 34.000 años con la apertura de un cono eruptivo situado al occidente respecto a los volcanes que lo precedieron. Nació así el volcán Mongibello (el último y actualmente activo de este área geográfica) que, con la enorme cuantidad de lava eruptada, ha soldado definitivamente el macizo volcánico etneo con la costa oriental siciliana. Todavía hoy, el majestuoso Mongibello (llamado normalmente Etna), caracterizado por un vulcanismo fluido y por lo tanto relativamente poco peligroso, erupta con frecuencia desde las bocas terminales o desde los cráteres laterales (excéntricos), poniendo en peligro a menudo la supervivencia de casas, bosques y campos cultivados.
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